Mi paso por la UACM
Profesores que presumen de buen nivel pero no lo demuestran frente al grupo, que usan frases cómo --yo no se mucho de esta materia, pero aquí vamos a aprender juntos. Que sólo copian problemas de libros que al final no son capaces de resolver...
Han pasado ocho años desde que decidí buscar una oportunidad en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).
Aunque ya había dado clases en otras universidades, fue en la UACM donde decidí quedarme para desarrollarme profesionalmente como docente. El modelo educativo me pareció interesante, muy distinto al de las universidades donde ya tenía experiencia, y completamente diferente a lo que viví como estudiante en el Instituto Politécnico Nacional (IPN).
Sin embargo, al llegar me sorprendió la falta de claridad en cuanto a la figura del profesor por asignatura, un rol que la UACM ha implementado por años. Cuando ingresé, allá por 2016, ni siquiera nos llamaban para firmar un contrato. Simplemente te postulabas mediante una convocatoria pública en Facebook, te entrevistaban y, dos semanas después, revisabas las listas en esa misma red social para saber si habías sido seleccionado. Y la entrevista no era ni siquiera una clase muestra, sólo te preguntaban si sabías del tema y confiaban en ti. (esto sólo en algunas academias, en otras si me tocó dar una clase muestra.) No recibías correos de la institución ni otra comunicación formal, todo era así "al ahí se va".
Llegué el primer día de clases sin saber ni siquiera qué grupos tendría, así que me dirigí a los horarios, busqué la materia asignada y entré al salón esperando que fuera el correcto. ¿Cuándo pagarían? No tenía idea. De hecho, ni siquiera sabía si me iban a pagar, hasta que otro profesor comentó que un mes después debíamos ir a las oficinas de García Diego para recoger nuestro cheque.
Con el tiempo, las cosas han cambiado. En estos últimos años ya tenemos que registrar la entrada, nos envían avisos formales y recibimos los comprobantes de pago, todo mejoró para bien la verdad.
Al principio, yo era el tipo de profesor que solo impartía clases y después me regresaba a mi otro trabajo. Así fue por un par de años, hasta que, poco a poco, comencé a involucrarme más en la universidad. Empecé a conocer a profesores con proyectos interesantes y el ambiente me resultó cada vez más agradable. En ese momento, también me asignaron materias de la carrera de Ingeniería en Transporte Urbano (ISTU), y al desarrollarme de manera más formal en proyectos relacionados con el transporte en otras instituciones, me involucré casi al 100 % en esa carrera. Dejé mis otras materias en la universidad donde también impartía clases y me quedé únicamente en la UACM.
Ahora bien, hablemos sobre la carrera de ISTU en la UACM Cuautepec. A principios de 2018, cuando comencé a impartir clases para esta carrera, la matrícula era considerable, con varios grupos y un número significativo de estudiantes, algo que para 2024 yo no es igual, hoy en día, la carrera está por desaparecer, la matrícula es mínima, y ya no hay profesores que quieran impartir clases ahí ¿Por qué? Pues justo este artículo responde esta pregunta.
Hasta esa fecha, solo tres profesores eran los contratados de tiempo completo (algo que sigue igual hasta el día de hoy), dos de ellos con una formación afín a la carrera, y uno más que no tenía formación en transporte. Esto me agradó, porque me hizo creer que, aunque mi formación era en Ingeniería en Control, se me permitiría aportar con la experiencia que tenía en transporte.
Los profesores de la UACM gozan de un muy buen salario, diría que incluso demasiado bueno, dado que son considerados profesores-investigadores. Esa categoría justifica sus sueldos, pues en otras universidades los docentes solo imparten clases, mientras que aquí se supone que también realizan investigación. Mi sorpresa fue descubrir que ninguno de los profesores de tiempo completo en transporte tenía publicaciones, libros, direcciones de tesis o participación en congresos, ni siquiera en su propio simposio. Tampoco formaban parte de proyectos de transporte. Así ha seguido hasta hoy, en 2024. Esto me brindó una oportunidad, porque pensé que, si destacaba en ese ámbito, tal vez en algún momento se reconocería mi trabajo.
Por otro lado, la mayoría de los profesores contratados por tiempo determinado, como yo en ese momento, eran recién egresados sin experiencia laboral ni docente, y que además desconocían el modelo educativo. En cierto modo, no era culpa de ellos, ya que muchos de los profesores de tiempo completo tampoco lo conocían del todo. Siempre he creído que es necesario contar con docentes especialistas en un área; aunque cualquier ingeniero podría dar una clase de física, un físico siempre será mejor para impartirla. Sin embargo, aquí preferían que las materias de transporte fueran impartidas por ingenieros en transporte, así que en algunas asignatura como la de Sistemas Motrices preferían tener a un egresado de ISTU, que solo había cursado esa materia una vez en su carrera, en lugar de a un ingeniero mecánico o en sistemas automotrices. Puede que esté equivocado con esta idea, pero esa era la situación.
Además de esto, los estudiantes de la UACM, en su mayoría, aún se sienten "rechazados" de la UNAM o el IPN en sus primeros años, lo que les impide tomarse en serio sus carreras. Se convierten en estudiantes que solo buscan egresar lo más rápido posible, sin importar si han recibido una buena formación. Muchos buscan la amistad con el profesor para obtener ventajas, o simplemente eligen al docente más "barco" para aprobar sin esfuerzo. Algunos se preocupan y reportan a los profesores que no cumplen con su trabajo, aunque otros también denuncian a los que son demasiado estrictos. Al final, cada uno tiene sus prioridades e intereses.
En estos últimos años, la llegada de nuevos profesores y estudiantes ha complicado la armonía que antes había. Yo colaboraba con otras carreras para titular estudiantes y participé activamente en proyectos como la creación de planos para la universidad y el fomento de actividades deportivas. Sin embargo, nunca he podido ocultar mi molestia cuando me encuentro con profesores que no aman su trabajo y creen que, por tener un grado académico, ya están capacitados para enseñar. Me frustra enormemente, ya que toda mi vida quise ser profesor y me he esforzado mucho para mejorar mis habilidades y ser un buen ejemplo.
Es decepcionante y triste ver a docentes que presumen de su nivel, pero no lo demuestran frente al grupo; aquellos que utilizan frases como "Yo no sé mucho de esta materia, pero aquí vamos a aprender juntos", que copian problemas de libros y al final no saben resolverlos, o que imparten clases de software sin siquiera saber usar los más básico de informática. Esto me molesta, porque siempre he deseado que mis estudiantes salgan lo mejor preparados, y ver que algunos se sienten atrapados por estos profesores mediocres me llena de impotencia.
¿Por qué los contratan? Es sencillo: o no les interesa lo más mínimo la educación de los estudiantes y la carrera, o simplemente son igual de mediocres. Como dicen, los mediocres prefieren rodearse de gente igual a ellos, porque quienes sobresalen evidencian su mal trabajo. ¿Cómo es posible que un profesor por asignatura haga un mejor trabajo que uno de tiempo completo? ¿Cómo es que un asignatura tiene más horas frente a grupo, más titulados? Esto no solo ocurre en la UACM, sino en muchas universidades del país. Y culpo a los estudiantes por esta situación, aquellos que prefieren no alzar la voz por miedo a represalias. La mediocridad es su refugio frente al esfuerzo. Pero bueno, ¿qué importa, no? Importará cuando afuera se enfrenten a personas con mejor preparación que les arrebaten los trabajos que deseaban.
La UACM tiene hoy un índice bajísimo de egresados. En los ocho años que he estado en el campus, solo un estudiante de ISTU se ha titulado. Muchos usan la excusa de que harán una maestría y se titularán con ella, pero ni siquiera pueden aprobar el inglés. Otros entran a trabajar y se quedan ahí para siempre, siendo "truncos", aunque se sienten ingenieros. Dicen que lo harán por prácticas profesionales, pero jamás se toman el tiempo para hacer los trámites.
Todo esto me molesta profundamente, porque aprecio mucho a la UACM. Fue la universidad que me hizo madurar, me abrió las puertas y fue buena conmigo. Y siempre estaré agradecido con todas esas personas que confiaron en mi y con todos aquellos que me brindaron una oportunidad para seguir creciendo. Le debo mucho a esta universidad, y a pesar de haberle entregado tantos años importantes de mi vida. Aún me siento en deuda con sus estudiantes. Sin embargo, retirarme ha sido necesario, ya que siempre he creído que si en algún momento el lugar donde estoy no comparte mi visión y filosofía, es mejor hacerme a un lado seguir caminando. Eso sí, no me quedo callado. Para mí es importante expresar lo que pienso. Al final, lo único seguro es que los mediocres saben que lo son, y por eso nos apartan a quienes no somos como ellos.
Por mi parte, siempre estaré para mis estudiantes, para todos aquellos que crean que puedo aportar algo bueno en sus vidas, esté o no presente en la Universidad Ser profesor ha sido mi sueño desde niño, y hoy vivo ese sueño cada día. Ya no en la UACM, pero uno siempre regresa a donde fue feliz. Y el IPN siempre ha sido mi felicidad, porque es mi Alma Mater.