Navier Stokes, una de las ecuaciones del milenio que usamos en modelación de sistemas de transporte
Cuando uno escucha “ecuaciones de Navier-Stokes” suele imaginar túneles de viento, alas de avión o científicos con cara de sufrimiento frente a pizarrones interminables. Y sí, todo eso está ahí. Pero hay una sorpresa: esas mismas ecuaciones, o mejor dicho, su espíritu matemático, están muy presentes cuando estudiamos cómo se mueven personas y vehículos en una ciudad. Y eso cambia la conversación. A principios del siglo XIX, Claude-Louis Navier y George Gabriel Stokes estaban obsesionados con una pregunta aparentemente simple: ¿cómo se mueve un fluido real? No un fluido ideal de libro como el que normalmente nos enseñan en la carrera en termidinámica, sino uno con fricción, con viscosidad, con remolinos, con comportamientos caprichosos. Euler ya había trabajado mucho en el comportamiento de fluidos, pero estos dos lograron un resultado con un conjunto de ecuaciones diferenciales que describen la conservación de masa, de cantidad de movimiento y la influencia de fuerzas internas y e...