Mi paso por el Tecnológico Nacional de México
Aquí te voy a exponer un poco de lo que pasa con la docencia en varias instituciones. Tengo más de 15 años de experiencia docente, sé de lo que hablo y aclaro que estoy siendo muy general y hablo desde mi perspectiva, que bien puede estar equivocada.
No puedo decir mucho sobre el Tecnológico Nacional de México porque no estuve mucho tiempo ahí. También debo aclarar que, aunque por momentos hablaré en general del TecNM, en realidad me refiero principalmente al Tecnológico donde yo trabajé. Aun así, por mi experiencia como profesor y en la investigación, sí puedo responder la pregunta que seguramente ya te has hecho (y si no, deberías hacerlo): ¿Por qué el Tecnológico Nacional de México no aparece en los listados de las mejores universidades del país?
Siendo una institución con una gran trayectoria y ya bastantes años de existencia (aunque ha cambiado de nombre), uno pensaría que al menos debería figurar como una opción sólida para estudiar. Sin embargo, en mi caso, jamás escuché hablar del TecNM: ni cuando buscaba universidades para estudiar, ni cuando ya trabajaba dando clases; tampoco conocí a ningún egresado de ahí en el campo laboral donde me desempeñaba.
Tuve únicamente la oportunidad de impartir clases durante un año en esa institución, gracias a la invitación de un profesor que conocí en un evento en otra universidad. Y aunque el salario era mucho menor al que estaba acostumbrado, quienes me conocen saben que yo nunca digo que no a dar clase, sin importar el lugar. Ahora bien, debo aclarar que estaría mal de mi parte generalizar. La verdad es que solo conocí un tecnológico, y además bastante pequeño: su matrícula rondaba los mil estudiantes, una cifra muy diferente a la de universidades públicas como la UACM o el IPN, en las que también he impartido clase y que, de alguna manera, entran en la misma categoría de instituciones públicas de educación superior.
El Tecnológico Nacional de México es, sin duda, la mayor red de educación tecnológica en el país y en América Latina. Su oferta académica es amplia: licenciaturas, especializaciones, maestrías y doctorados. En total, agrupa a más de 200 instituciones distribuidas en todo el territorio. En mi caso, me tocó trabajar en un campus muy pequeño, lo cual, lejos de parecerme una desventaja, me resultó agradable por la sensación de un ambiente más controlado y fraterno. Siempre he pensado que, en gran medida, las instituciones no son directamente responsables de que las cosas salgan mal. Tampoco necesariamente lo son los directivos. En la mayoría de los casos, como ocurre en muchas organizaciones, son los propios servidores o trabajadores quienes terminan influyendo para que las cosas no avancen en la dirección adecuada. Y quiero dejar algo claro: aquí no voy a hablar de rumores ni de especulaciones, porque al final todo eso no pasa de ser chisme y malos entendidos.
Yo quiero enfocarme en la calidad de los estudiantes y de los profesores que me tocó conocer ahí. Por un lado, la gran mayoría de los estudiantes que ingresan al Tecnológico son chicos que fueron rechazados en otras universidades públicas, y solo un porcentaje mínimo lo elige realmente como una opción. Desde el primer día que impartí clase pude notar ese detalle: a los estudiantes les faltaba motivación, cargaban con la idea de que el Tecnológico “no es una buena opción, pero es lo que hay” y, sobre todo, arrastraban el sentimiento de estar “un escalón abajo” frente a instituciones como el IPN o la UNAM.
Y aquí debo ser muy enfático: el bajo nivel que percibí en el Tecnológico donde estuve no se debía a que los estudiantes fueran malos, sino a la mala calidad de varios de sus profesores. Sí, es verdad que la baja moral con la que llegan los alumnos en los primeros semestres no ayuda a que desarrollen su potencial, pero también estoy convencido de que, con la dirección adecuada, cualquiera de esos jóvenes puede demostrar que está en una buena institución, al nivel de las mejores del país. Porque ese es el trabajo del docente, dirigir, guiar al estudiante, motivarlo e instruirlo.
Pero ahora hablemos de los profesores. De entrada, es evidente por qué hay pocos. Por un lado, el Tecnológico oferta muy pocas plazas docentes. Y esas plazas, aunque con un salario competitivo, no ofrecen tantas oportunidades de crecimiento como en otras instituciones. Por esa razón, la mayoría de los tecnológicos terminan contratando profesores por honorarios, es decir, sin base ni prestaciones. Aquí debo ser claro: el salario por honorarios en el Tec ha sido el más bajo que me he encontrado. Para ponerlo en contexto: el Tecnológico paga alrededor de $110 pesos por hora clase, mientras que la UNITEC anda en $160 y la UVM, dependiendo de tu grado académico, también paga cerca de $160. Puede parecer poca la diferencia, pero en la realidad docente esos pesos pesan bastante. Y hay un detalle que casi nadie ve desde fuera: a los profesores por honorarios solo se les paga la hora frente a grupo. Todo el trabajo que hacemos fuera del aula —preparar clases, calificar, subir calificaciones al sistema, dar asesorías— no está remunerado. Y en el caso del Tecnológico, además, existen muchos eventos institucionales en los que “debes” participar, consumiendo todavía más tiempo sin recibir un pago adicional.
Te voy a poner un ejemplo: impartí clase por honorarios en el Colegio de Ingenieros Militares y ahí me pagaban $720 pesos la hora. Y bueno… ni hablar de las instalaciones. Otra diferencia interesante es que, mientras en la UNITEC no necesariamente te piden grado de maestría o doctorado, en la UVM sí: te solicitan años de experiencia profesional y, además, experiencia impartiendo clase. Esto no es necesariamente culpa del Tecnológico, porque “no quieran pagar más”. La realidad es que a los profesores por honorarios el Tec les paga directamente de sus propios recursos, mientras que en la UACM el financiamiento proviene del gobierno. Y ahí está el detalle: muchos profesores prefieren buscar oportunidades en otros lugares, como la UACM, y el Tecnológico termina siendo una opción para quienes recién egresan o no tienen mucha experiencia, precisamente porque exige menos requisitos.
Continuando con las clases; el Tecnológico, en cambio, para impartir clases ahí no exige mucho. Su “clase muestra” para ser profesor por honorarios es más bien un trámite protocolario, no una verdadera muestra del conocimiento de la materia que impartirán. Y muchas veces esa clase se presenta frente a otros profesores que tampoco dominan el tema, y así terminan aceptando a docentes que no tienen el nivel necesario, y algo que sucede mucho es que cuando no hay profesor para impartir una materia, simplemente para cubrir el espacio colocan a cualquier otro profesor que esté dispuesto a dar la clase aunque no sepa nada.
Lo más curioso es que, cuando yo concursé por una plaza, quienes evaluaban mi perfil ni siquiera tenían el mismo grado académico que yo. Y eso no debería pasar: para evaluar a alguien, se debería contar con al menos el mismo grado y experiencia, y como en muchos lugares, no siempre eligen al mejor, al que tenga más experiencia o conocimientos, eligen al "amigo" o al que es como ellos, del mismo nivel, para que no quede opacado. Pero bueno, eso pasa en todas las instituciones, en todos lados, es lamentable, pero así es esto.
Aquí aparece otro punto delicado: el grado académico de gran parte de los profesores llega solamente a ingeniería. Y aquellos que tienen posgrado, como antes mencioné muchas veces lo obtuvieron en áreas o instituciones que dejan bastantes dudas, o imparten una clases de ingeniería y no son ingenieros. Imaginen que el responsable del área de ingeniería no sea ingeniero, bueno, ¿Qué les digo? Aclaro algo: esto no significa que tener un doctorado garantice dar buenas clases. Eso está clarísimo. El verdadero problema es que gran parte de los estudiantes se quejan de que varios de sus profesores no solo carecen de habilidades pedagógicas, sino que tampoco tienen el nivel ni la experiencia necesaria para impartir una clase con calidad.
Y debo decirlo con justicia: no todos son así.
Así que es por eso que los estudiantes se quejan. Que el profesor de programación no sabe programar, que el de matemáticas da clase viendo videos de Julio Profe, que al de electrónica se le queman los componentes o que hay profesores que sólo leen diapositivas… y así cientos de ejemplos. Imaginen mi sorpresa cuando pedí que me asignaran la materia de Sistemas Operativos, y mi propuesta de práctica era desarrollar un sistema operativo desde cero (porque se hacerlo, ya lo he hecho antes). Al final me entero de que quien se quedó con esa asignatura ni siquiera sabía usar GNU/Linux, y mucho menos dominaba un solo lenguaje de programación. Y estoy seguro, de que para la especialidad, van a poner a un profesor que tomó una "capacitación" y no tiene ni experiencia ni conoce del tema para impartir esa clase, perdón pero me da risa.
¿De quién es la culpa? Te lo dejo de tarea. ¿Se puede hacer algo al respecto? Pues sólo les recuerdo que sin estudiantes no hay universidad ni trabajo para los docentes, y por lo menos ahí siempre se les recuerda que ustedes son el cliente, y que los profesores son sus empleados. Así que ahí se los dejo. Si les gusta lo mediocre y el profesor "barco" pues así quédense, si no, alcen la voz, vayan directamente con la autoridad cada vez más arriba si el de abajo es incompetente.
Muchos de los profesores que se encuentran ahí lo están porque, de una u otra forma, el Tecnológico se ha convertido en un refugio de desempleados. Personas que jamás habían impartido una clase en su vida, pero que ven en esta institución una salida económica temporal. También abundan los casos de egresados del mismo Tecnológico que, sin ningún tipo de experiencia profesional ni formación pedagógica, son contratados de inmediato para impartir clases. Y aunque parezca un chiste, eso sucede muchísimo.
El daño que esto provoca en los estudiantes es enorme. ¿Por qué? Porque un profesor sin experiencia real en la industria o sin preparación pedagógica difícilmente puede transmitir algo más allá de lo que vio en un video de YouTube o en las diapositivas que repite semestre tras semestre (y que, con suerte, le hizo ChatGPT). Así, los estudiantes terminan atrapados en un círculo vicioso: aprenden de alguien que apenas domina la teoría y que nunca ha tenido que enfrentarse a los problemas prácticos de la profesión.
Y no sólo están los profesores que solo leen diapositivas, los que dicen frases como “aquí vamos a aprender juntos”, o los que simplemente dejan trabajo y después no hacen nada más durante toda la clase. Existen unos que son los peores de todos: los que no dominan el tema y, cuando un estudiante les señala un error, reaccionan con agresividad y amenazas. Los que intentan ocultar su bajo nivel con prepotencia y dureza, poniendo ejercicios que ni ellos mismos pudieron resolver en clase.
Pero ojo aquí también: Tener años impartiendo clase no te convierte automáticamente en un buen profesor. Para ser un docente competente se necesita formación pedagógica, saber estructurar las clases y tener la capacidad de guiar a los estudiantes en su aprendizaje.
Esto no significa que todos los egresados o profesores sin experiencia sean malos docentes, claro que no. Hay quienes, con esfuerzo, compromiso y ganas de aprender, logran crecer y ofrecer un buen nivel académico. El problema en el Tecnológico es que esto no ocurre como una excepción, sino como una práctica recurrente: llenar vacantes sin importar demasiado los requisitos, solo para que “alguien” imparta la materia. Y la consecuencia se ve de inmediato: estudiantes desmotivados, clases planas y un nivel académico que se estanca. Lo peor de todo es que, a la larga, se afecta la reputación de toda la institución, porque los alumnos que salen mal preparados son los mismos que después dirán que “el TecNM no fue lo que esperaban”.
Creo que con todo lo que he contado ya te contesté la pregunta, ¿no? Y mira, algo curioso: justo estaba revisando los rankings de universidades. Hay muchos, con criterios diferentes, pero en general —y en los rankings globales— el Tecnológico Nacional de México ni siquiera aparece. En otros listados sí está, pero en puestos bajos; por ejemplo, en uno se encuentra en el lugar 36 de 50, hasta por debajo de la UNITEC, que figura en el lugar 16.
Pero oye, no se sientan mal por eso. Al final, la universidad no hace al estudiante; es el estudiante quien hace a la institución.
Todos los grupos que tuve en el Tecnológico tienen muchísimo potencial. Algunos más dedicados que otros, sí, pero a todos los aprecio y reconozco. Cada uno de ustedes me motivó siempre a preparar mejor mis clases y, a quienes se acercaron más, los acompañé de manera más cercana. Y aunque ya no forme parte de la institución, aún puedo seguir apoyándolos. Me duele mucho ver cuando una institución educativa arrastra tantas deficiencias. Y no es que otras universidades de “alto nivel” no las tengan, claro que también.
Me pasa que yo amo impartir clases, creo profundamente en la educación, en la ingeniería y en las ciencias. Por eso debo aceptar que sí duele cuando te hacen a un lado.
Errores, todos los cometemos. Yo no soy el mejor profesor, aún tengo muchas deficiencias, tampoco me considero una excelente persona, tengo "chingos" de fallas. Pero hay algo en lo que pongo las manos al fuego: Jamás, y estoy muy seguro de ello, ninguno de mis estudiantes podrá decir que no lo motivé, que conmigo no aprendió, o que fui un mal profesor.
Quiero dejarles un consejo: recuerden que no necesitan de un profesor para aprenderlo todo. El profesor está para guiarlos, para resolver dudas, pero no para enseñarles desde cero cada detalle. Hoy tienen cientos de herramientas a su alcance para crecer académica y profesionalmente. Y si se topan con un profesor mediocre, uno de esos que no tiene vergüenza en aceptar que no domina la materia, no se frustren. Ustedes pueden salir adelante por su cuenta. Y, sobre todo, sepan que siempre habrá buenos profesores —de verdad— que los apoyarán en el camino.
Si en algún momento me invitan de nuevo, regresaré con gusto. Y si no, estoy seguro de que nos encontraremos más adelante como colegas. Porque ustedes están en una gran institución, y aunque todavía le falta madurar, hay profesores muy valiosos —ustedes saben bien quiénes son— que mantienen a flote al Tecnológico y que, con su esfuerzo, seguro lo harán crecer.
A ustedes, mis estudiantes, les toca también ser parte de ese cambio. Pongan en alto el nombre de su institución. No olviden que su Tecnológico lleva pocos años, y es normal que esté en proceso de consolidarse. Pero son ustedes, con su dedicación, quienes lo transformarán.
Los veo en el camino, estimados estudiantes.