La recuperación de espacios públicos

Estos últimos meses me ha llamado mucho la atención todo lo que está sucediendo en la Ciudad de México con respecto al transporte público, principalmente el transporte colectivo Metro, el cual en algún momento de la historia colocó a la ciudad entre las mejores del mundo, debido al increíble desarrollo tecnológico aplicado en su construcción. No hablaré mucho sobre la ingeniería que se utilizó para construir el Metro, ya que hablar de la técnica de construcción con "muros Milán" merece un artículo completo.

Técnica de muros de Milán en la línea 2 del metro de la CDMX 

Se habla mucho sobre la recuperación de espacios públicos, pero me parece que aún se entiende poco lo que eso quiere decir. Para algunos, recuperar espacios es hacer crecer la ciudad construyendo cientos de casas y plazas comerciales con departamentos. Tener muchas casas no es una ciudad, son urbanizaciones, y ahí no hay espacio público: eso es espacio urbanizado. En cambio, las ciudades lo son porque cuentan con lugares donde se pueden realizar todos los usos y funciones que la vida urbana permite. Esto incluye jugar, tener espacio para grandes reuniones, fomentar el intercambio económico o la manifestación política, porque todo eso es lo que nos hace ciudadanos. Es el espacio público lo que nos hace ciudadanos.

En la Ciudad de México, la recuperación de espacios también se ha entendido como limpiar, repintar y alumbrar. No está mal, pero en general, esa no es la forma en la que debería concebirse la recuperación. La idea es que la ciudad crezca, sí, pero incrementando los espacios públicos, recuperando el terreno que se han apropiado las carreteras.


Hay una gran diferencia de esto...


Ha esto...



En la imagen anterior podemos ver la recuperación de espacios mediante la disminución del número de carriles y la prioridad otorgada al peatón. Y aunque pudiera parecer contraproducente —pues se pensaría que esto generaría más tránsito—, la realidad es que debe ir acompañado de una buena implementación de transporte público, de modo que se reduzca la circulación de vehículos particulares.

El gobierno suele ofrecernos algo que llaman movilidad cuando construyen o amplían carreteras, generando más pasos y vías vehiculares. A mi parecer, esto está mal aplicado, ya que en lugar de priorizar el transporte público, se le sigue dando preferencia al automóvil. Cuando el espacio resulta insuficiente para circular, se cree que ampliar las carreteras agilizará la movilidad, pero en realidad ocurre lo contrario. Así lo explica la paradoja de Braess, que en pocas palabras señala: añadir una o más carreteras a una red puede terminar dificultando el flujo de tránsito general a través de ella.

En conclusión, para que la recuperación de espacios sea efectiva, se debe invertir en el transporte público. Esa es la clave para que una ciudad crezca y mejore su movilidad, en lugar de verse afectada. Sin embargo, el tema del transporte público en México es un asunto aparte: se dice que es ineficiente, pero cabe preguntarse… ¿realmente lo es? ¿O la realidad es que los ineficientes somos nosotros, los usuarios, que no sabemos aprovecharlo adecuadamente?


Héctor

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